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Antonia Amezcua Martínez

Antonia, una gran mujer, alegre, dinámica y con un ánimo muy jovial. Nació en Albanchez el 24 de octubre de 1939 “y aquí sigo viviendo”, afirma con rotundidad y riéndose, “sí, claro, sigo aquí”. Su mote es la de Manolillo. Estaba casada con Francisco Cobos Ortiz, no recuerda con exactitud la fecha de su boda. Tuvieron un hijo, Francisco, y dos hijas, María y Ana.

Entrevista Completa

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Rememora que, en su infancia, lo pasaba muy bien, “mejor que ahora”. Nos íbamos al campo en verano “a hacer un mecedero”. En su juventud dice que se dedicaba “a ‘ná”, estaba en la casa. 

Conoció a Paco, su marido, en la fuente, cuando iba a por el agua. Su familia vivía enfrente de mi casa, “donde estaba la Maruja”. Él salía mucho a por mí.

Evoca que la vida de joven no era mala, “estábamos regular”. Insiste en que siempre estaba en la casa, ayudando a su madre a hacer todas las tareas. Recuerda especialmente el trabajo en la tienda que entonces tenían en la antigua Plaza José Antonio. En aquel tiempo tenía dieciséis años, más o menos. 

Era una tienda de alimentación, en ella se vendía “de tó”, habichuelas, garbanzos... También vendían carbón que cargaban en un borrico “mi Antonio y mi suegro el Tío Paquillo. 

No recuerda ninguna complicación en su juventud. Con mucha alegría dice que lo pasaban muy bien en las fiestas del pueblo, “venía una peluquera de Torres y nos arreglaba “¡y una vez ¡me rizó el pelo!”.
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No recuerda nada más especialmente, se iba al campo con las amigas, pero sí que dice que la vida ha cambiado mucho “no ha cambiado nada la vida, madre mía, ahora es diferente todo”. 

Dice que ahora todo está revuelto. Emocionada, le gustaría que sus nietos y nietas y la juventud de ahora la recordaran así: “pues mi abuela era así, era de la otra manera". Con mucha pena dice que se va a morir antes de que sus nietos acaben los estudios, que no los va a ver finalizarlos.


El peor momento de su vida fue la muerte de Paquito, “me hubiera gustado morirme detrás de él”. Suspirando dice: “lo bien que lo pasábamos cuando estábamos casados”. Le viene a la cabeza un momento gracioso de su vida cuando una vez que fue al campo con Carmen la Perrito se cayeron del borrico a un barranquillo. Carmen ya murió, “era mi mejor amiga”. 

También recuerda sus momentos en el molinillo de su chacho Blas, hermano de su madre, “quien nos hacía unas migas muy buenas porque teníamos mucha harina, la molían mi Antonio y mi Blas”. Les acompañaba Isabel la del Manchego, ya fallecida. 

Finaliza recordando que iba a lavar con sus piedras debajo del puente del Molinillo y había mucha agua. Y al mediodía su chacho Blas les cocinaba unas patatas o unas migas. 

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