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Joaquín Amezcua Muñoz

Nació en un molino el día 14 de julio de 1935 que tenía la familia en el río Hútar; cuando llegó la matrona para atender a su madre él ya había nacido. Al poco tiempo de su nacimiento falleció otro niño del pueblo, con solo tres años, y en vez de darle de baja al pequeño muerto se la dieron a Joaquín. 

Cuando llegó el momento de medirle para irse a la mili vieron muy sorprendidos que no aparecía su nombre en ningún documento y fue entonces cuando se dieron cuenta del error. 

Entrevista Completa

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Heredó de su abuelo el mote de Molinero. Eran cinco hermanos y tenían todos muy buena relación, Josefa, Antonio, Juan, Isabel y Cristina. Recuerda cómo se fabricaba sus propios juguetes, cogía juncos y hacía molinos, era lo que más le gustaba. Hizo un carro de barro y allí guardaba sus juguetes. 

La madre madrugaba mucho y a las 6 de la mañana ya tenía preparada una sartén de migas, comían todos además de dos o tres hombres que trabajaban con ellos en el molino. Iban con los borricos a recoger la harina para llevarla al pueblo. Lo más complicado que tenía que hacer era lavar el trigo.

En el campo celebraban más cosas que en el pueblo. Había mucha gente y allí hacían sus fiestas. Cuando tenían que ver a las novias se iban a la carretera de Torres.
Trabajando de joven en el molino un día llegaron tres hombres vestidos de guardias civiles con sus fusiles, buscaban a su padre, venían a por el dinero que tenían, además de ir a cobrar una deuda de un vecino para darle también ese dinero que habían recogido después de engordar y vender ocho o nueve cerdos. Les amenazaron para que no dieran parte a la Guardia Civil.

Sus hermanos, Antonio y Juan, fueron a la Guerra Civil y él se quedó en casa con sus hermanas, ellas eran las que trabajaban en el molino junto a sus padres y abuelos. Estuvieron en los peores sitios de la guerra. Atravesaron el río Ebro a nado. Allí les pillaron y fueron llevados a un campo de concentración en Francia. Posteriormente se escaparon y, gracias a una brújula que se encontraron de un avión que se estrelló, pudieron avanzar de noche. Llegaban a los cortijos y allí les daban de comer, así llegaron a España donde se los volvieron a llevar a hacer la mili.

Ya de mayor trabajó en el cableado de la luz. Hacían el hoyo para clavar los palos por donde iban los cables. También estuvo dos años trabajando en Francia. Conoció a su mujer, Ana María Aranda Ogáyar, cuando ella iba cada día por agua a la fuente de la plaza y allí le pretendió.  
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Se casaron en agosto del 1961 y tuvieron tres hijos, Joaquín, Manuela y Juana. Actualmente toda la familia, hijos y nietos, trabajan fuera del pueblo. Le visitan frecuentemente para cuidarle. Acuden con los seis nietos que tiene: María Trinidad, Manuel, Isabel, José Miguel, Alba y Joaquín, quienes le han dado cinco bisnietos: David, Irene, Mariló, Violeta y Lucía. 

Cree que la vida ha cambiado mucho, antes había más amistades y más sanas, podían dejarse las puertas abiertas sin problemas, las mujeres se sentaban en las puertas al fresquito y se pasaba muy bien. Le gustaría que la gente joven, y sobre todo sus hijos y nietos, recordaran la vida que tuvieron sus padres y abuelos.