Pedro Muñoz Catena
Nació en Albanchez de Mágina en el año 1930. Le apodan Salinero,
porque su familia tenía una salina, donde se crió.
Tiene 95 años. Casado con Isabel Ogáyar Muñoz de 92 años, en 1960.
Tienen dos hijos, Pedro y María. Viven en Albanchez de Mágina.
Entrevista Completa
En el pueblo, en aquellos tiempos de su niñez y juventud, Pedro recuerda que la familia comía de lo que cultivaban y criaban, trabajaban casi por la comida, no tenían más beneficio. Recuerda como a su madre le llevaron un perro recién nacido para que le diera de mamar de su pecho porque sino se moría y a la vez amamantaba a su hermana. Se iban a la huerta en el mes de mayo y estaban allí hasta los santos, con lo que recogían durante el verano tenían para comer en el invierno. Nunca fue a la escuela, la guerra le cogió cuando era un niño. Su padre sembraba garbanzos y toda clase de productos, incluso hacían su propio vino, llegó a emborracharse de tanto zumo de uva que tomó.
Trabajaban sin reloj, todas las horas que fueran necesarias. “El que rendía, trabajo no le faltaba, el que, a criterio del amo, no rendía, le decía que no viniera al día siguiente”. A él, siendo muy jovencito, le la edad para trabajar. En la temporada de la aceituna, le ponían a vaciar las espuertas de las mujeres. Los mejores recuerdos que tiene Isabel, su esposa, son de su madre y de sus hermanos, sobre todo que la respetaron y quisieron mucho por ser la más pequeña. Isabel ayudaba a su madre en casa desde que era una niña. Isabel y Pedro se conocían desde siempre porque eran vecinos de huerta y tenían muy buena relación entre las familias. A Isabel le gustó todo de Pedro, además era muy trabajador, y a él también le gustaba mucho ella.
Cuando eran novios pasaba la procesión del Santo por su puerta, y después del castillo de fuegos artificiales, él se iba al baile, le gustaba mucho, y su mujer se iba a su casa porque, aunque le encantaba bailar, tenía que ocuparse de sus cinco hermanos, tenía que traer el agua de la fuente que había en la Risca para lavarles y también para beber. Su vida matrimonial la recuerdan como muy buena. No desean que vuelvan los tiempos de antes, pues ha visto morir a gente de hambre y eso es horrible, venían algunos bedmareños muertos de hambre a pedir comida. Ellos no pasaron hambre porque tenían una huerta y cultivaban y criaban para comer. Lo más feliz de su vida ha sido ir de fiesta y aunque sin lujos nunca les faltó nada. Hoy cree que no se le puede dar ningún consejo a los jóvenes, porque aun teniendo información de muchas cosas que perjudican, por ejemplo, el aviso en las cajetillas de tabaco pone que “mata” y no hacen caso.
